
Uno de estos días disfrutaba de un delicioso almuerzo junto a mi familia. El restaurante pertenecía a una de aquellas líneas de franquicias dentro del país, que ofrecen variedad de desayunos al igual que almuerzos, y son casi igual de conocidas que la famosa soda de lata color rojo. Nada fuera de lo normal hasta ahora ¿Por qué estoy leyendo esto? Lo curioso: mientras que mi familia frecuenta ese local en específico bajo el concepto que posee una mayor calidad que los demás restaurantes, ese día sucedió algo interesante: mi ensalada poseía una mayor cantidad de aderezo y queso parmesano, además que el pollo estaba milagrosamente sazonado y preparado. Es decir: a pesar que ese lugar superaba a los demás locales dentro de la región, ese día en específico ¡El local se había superado a sí mismo! Había una obvia mejora dentro de la cocina, los meseros estaban atentos con su clientela, ¡Que gerente! (o ¡Qué hambre he de tener!) pensé - esto es, después de un tercer o cuarto bocado de lo que en ese entonces me sabía a cielo.
Mientras mi cerebro intentaba descifrar lo que habría hecho bien para merecer tal manjar del cielo, eschuché la respuesta a mis intrigas entre las conversaciones de la mesa: "...el dueño". Rara vez frena el tenedor de un almuerzo bien preparado, pero la curiosidad mató... el tenedor? Sigamos... Mi madre señaló con su mirada (de una forma bastante salvadoreña) la razón del extra-ordinario servicio de esa tarde: el dueño. En resumidas cuentas, las cosas no operan mejor que cuando el patrón está presente. Punto. Ya sea por su capacidad de dirección o la conciencia de autoridad dentro del equipo de trabajo, las cosas nunca se mueven más lisamente que cuando los empleados están bajo el mismo techo que su empleador.
¿A qué voy con esto? Los empleados siempre dan la milla extra cuando saben que el que les paga los cheques al final del mes está presente, y posiblemente supervisando el local que ha levantado con sus propias fuerzas. En otras palabras, el dueño es la clave del éxito. Ahora bien, ¿qué tal te sientes realmente con el órden de tu vida? ¿Qué tal manejan las cosas? ¿Te encuentras felíz con el producto que entregas al final del día? sino, ¿qué anda mal? y la pregunta más difícil: ¿te crees tú el dueño de tu vida? Si te conviertes en tu propio dueño, tú tomas el reto de hacer que tu vida llegue hasta su nivel óptimo. Al tomar las riendas de tu vida, tu vida cambia y da los resultados que tú quieres darle. Tu vida no es empleada de otra vida, tú no tienes que moverte día a día hacia lo que los demás quieren hacer de tí a través de sus palabras, acciones o actitudes, tú eres el personaje principal (o secundario, y ya veremos por qué) de tu vida. Trata tu vida como tu propia empresa, toma en ella las decisiones que te agraden dentro de los siguientes 10 minutos, 10 días, 10 meses y 10 años.
Por supuesto, el momento vivido en ese día no se quedará con nada más una reflexión. La siguiente tanda de información continuará mañana.
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